Grupo: Circus Maximus
Título: The first chapter
Sello: Frontiers
Pocas veces un título dice tanto de un disco, pues aunque esta banda noruega está formada por experimentados miembros de la escena metálica de su país, esta es la primera entrega de la formación como tal, el primer disco de una andadura que esperamos sea bastante productiva.
El otro día me llegó el disco de Spiritual Beggars con el sello Insideout, y ahora me llega una banda de rock progresivo con el sello melódico por naturaleza, Frontiers, lo que quiere decir que ambas escuderías están abriendo sus puertas y sus ojos a nuevas tendencias, lo cual, visto el resultado de este trabajo, es un acierto, porque Circus Maximus componen unos temas que no le hacen ascos al mejor metal progresivo.
Pero ojo, que aquí no estamos ante la enésima copia de Dream Theater o de Pain of Salvation, grupos por otra parte muy difíciles de imitar. Circus Máximus tienen en sus filas a gente que ha trabajado en bandas como los daneses Carnivora , la banda de versiones de Ozzy Ozzmosis o bandas de cyber metal y death metal, lo que ha producido que, lejos de convertirse en una extraña mixtura de sonidos, todas las influencias se aúnen de una manera natural para producir un disco de progresivo donde se dan la mano esos estilos, pues encontramos hasta trozo de death metal. Pero tampoco es que estemos ante un trabajo de death progresivo como lo que hacen Opeth. A pesar de la procedencia nórdica de ambas bandas, poco tienen que ver la una con la otra.
Circus Máximus es una formación con personalidad propia, que ha recibido la ayuda del productor Tommy Hansen (Helloween, Pretty Maids, Wuthering Heights).
En definitiva estamos ante un disco de progresivo que gustará tanto a los seguidores de Simphony X como a los de Queensryche, un buen trabajo que huye de las largas suites a que nos tienen acostumbrados las formaciones progresivas al uso, para introducirse en temas cortos, directos y agresivos en unos casos, melódicos y llenos de añoranza en otros.
Ignacio Rielas.
Artículo escrito por ignacio rielas