Grupo:
Porcupine Tree
Título:
Deadwing
Discográfica:
Lava/Dro Atlantic
Tras un periodo de más de dos años desde la edición de su anterior disco,
“In Absentia”, algo poco habitual en esta prolífica banda británica, Porcupine Tree regresan con
“Deadwing”, el álbum que ocupa el número trece en su discografía si sumamos todos sus trabajos, número que, a juzgar por como suena este segundo trabajo de la banda para Atlantic Records, no les va a traer mala suerte en absoluto. A lo largo de una hora, el cuarteto británico nos presenta su rock progresivo, disfrazado a veces de rock independiente y tendencias experimentales, y tornándose su sonido más oscuro en otros pasajes del plástico. Un total de nueve temas de la más diversa duración, desde los menos de cuatro minutos de
“Open Car” hasta los más de doce de
“Arriving Somewhere But Not Here”, en un disco que suena sólido, coherente.
El tema de apertura del disco,
“Deadwing”, nos introduce en su viaje de sonidos, sus diversas influencias, en un tema que en sus minutos finales comienza a hacerse algo pesado, pero que hace los papeles de un buen prólogo a lo que en adelante nos encontraremos. Un tema casi épico para un grupo poco convencional, que tiene continuamente a la innovación a lo largo tanto del álbum como de su carrera, creando con la escucha del disco un singular universo que es capaz de absorber al oyente en esta rica atmósfera psicodélica en la que nos encontramos influencias de grupos tan dispares como Radiohead o Pink Floyd. El disco ha de ser entendido como un conjunto, y sus composiciones tan complejas, producidas por el propio Steven Wilson, desvelan a cada escucha nuevos matices otrora ocultos, girando hacia puntos insospechados, siendo completamente diferente el inicio de una canción a su final. En el disco se observa una clara evolución, desde el primer corte,
“Deadwing”, en una línea muy experimental, el sonido se va endureciendo y haciendo más ágil. En este estilo nos encontramos con
"Shallow", segundo corte del disco, donde destacan los abundantes riffs del tema, que contrasta con la siguiente canción,
“Lázarus”, que pone un punto de pausa en el disco con sus bellas melodías de teclados.
“Halo” vuelve a introducir el ritmo en el disco, con una genial base de batería y bajo y con la voz de Wilson notablemente distorsionadas.
“Arriving Somewhere” comienza lentamente, en acústico, y progresivamente va ganando intensidad en este largo tema de amplio contenido instrumental, que tras la colaboración en las voces de Akerfeldt (Opeth) y una parte más dura en su punto medio para finalizar de nuevo con un ritmo más desacelerado que sirve de nexo con
“Mellotron Scratch”, tema de deliciosos juegos vocales que se ve seguida de la potente
“Open Car”, último corte de elementos rockeros del disco, con riffs fuertemente influenciados por sus fuentes más
heavies.
“The Start of Something Beautiful” cuenta con un título plenamente autodescriptivo, y de nuevo vuelve a crear una atmósfera similar a la que desarrollaban en algunos temas anteriores a su disco
“Lightbulb Sun”.
“Glass arm Shattering” pone el broche de lujo al disco, con una preciosa canción en la que destaca una parte central en la que se sobreponen hasta cuatro voces, cerrando el disco de una forma espectacular.
Excelente trabajo de una banda única, que se ha editado en varias versiones diferentes, incluyendo en algunas de ellas un DVD con sonido 5:1 y algunas bonus tracks. Un disco capaz de absorber al oyente, con el don de sorprender y la ventaja de no ser en absoluto lineal, destacando sus complejas combinaciones vocales y de instrumentos y su sublime producción que aporta una riqueza exquisita a cada uno de los nueve temas que componen este disco.
Artículo escrito por
Héctor Mainar