Sello: Roadrunner
Parece que Roadrunner está acaparando lo mejorcito del progresivo actual. Si por un lado han fichado a la mejor banda de metal progresivo de todos los tiempos (según mucha gente, claro que eso sería de discutir) Dream Theater, también han incorporado a su escudería a una de las formaciones de rock progresivo más interesantes aparecidas en los últimos quince años.
De hecho, desde que Marillion, allá por el lejano ochenta y dos, lanzaran su primer disco, pocas veces, por no decir ninguna, habíamos estado pendientes del nacimiento de una agrupación progresiva que realmente rompiera moldes.
Todos sabemos que el progresivo, a pesar de lo que digan algunos, es un estilo que goza de un gran seguimiento, hay docenas, cientos de bandas de metal y rock progresivo que acaparan los noticiarios de los medios especializados.
Pero como Porcupine Tree hay pocos grupos. Su líder Steven Wilson es uno de esos hombres marcados por el genio creador, un pequeño duendecillo loco que se mueve entre bambalinas creando unas atmósferas de ensueño, una música apta para las mentes más melancólicas, aquellas que se identifican con los Pink Floyd de “Wish you were here”, con los Genesis de “Selling England by the Pound”, con los Jethro Tull de “Stormwatch”.
Lo bueno del caso es que Steven Wilson supo desde el principio dar a Porcupine Tree una personalidad propia de grupo ajeno por completo a las corrientes al uso. Lejos de subirse al carro de la “moda” progresiva, Steven Wilson ha ahondado en esos sentimientos de abandono, de desamparo, ese miedo a la soledad y al mundo que es moneda común en los corazones de las personas demasiado sensibles como para tragar con este planeta tal como es.
Este último disco de Porcupine Tree dará mucha horas de entretenimiento a sus seguidores, de eso no nos cabe duda alguna.
Artículo escrito por ignacio rielas