El quinteto madrileño Sonotones nos presenta su tercer larga duración bajo la producción de Daniel Alcover( Dover, Lavacaazul) que ha sabido dar el tratamiento acertado a la paleta de colores musicales del grupo.
11 temas que se mueve entre la fuerza del rock and roll, la melodia del power-pop y la energía y cazalla del punk. Guitarras que huyen de tratamiento unidireccionales, monotonos y monocordes para deslizarse por formas rocosas y recias en ocasiones, y en otras más amables y melódicas, todo ello sin perder el rock como nexo de unión.
Depués de la inmediatez punk de su disco debút
"Atale" y del rock hiperguitarreo de querencia nórdica de su continuación
" Listos para jugar", Sonotones dan un paso adelante para mantener una propuesta, que respetando sus dos disco anteriores y cogiendo ingredientes de ambos, amplía miras e inclusive se atreven con medios tiempos. Todo esto unido a unos textos inteligentes, muy por encima de la media nacionas, y a una voz , la de Javier Die, que imprime carácter y personalidad a cada uno de los cortes del albúm, voz que por otra aprte no puede evitar comparaciones con Josele Santiago de los Enemigos, lo que es otro punto a su favor.
El disco de se abre con todo un himno y una declaración de principios
" La culpa fue de la ciudad", canción de pegada fuerte y gran estribillo que se te mete en la cabeza desde la primera escucha. En esa misma onda y recordando sus inicios nos esncontramos temas de pura adrenalina como
"Mi diva", o
"Cruces" tralla total.
Como contrapunto nos desvela su vena más introspectiva pero rockera en cortes como
"Fuera de mi colchón" y el logrado intimismo de
"La casa de las sombras" otro de los temas bandera del albúm.
Demuestran que son grandes artesanos de melodias( vía Posies) en canciones como
"Con la misma cabeza" o
"El condenado". Ramonean a gusto en
"Yoguarth feel all right" y conservan ese deje chulesco y macarra marca de la casa el el final de
" Listos para el castigo" y en la divertida
"Caperucita verde". Y firman un gran tema
"Sale cara la noche" cuyo sonido nos teletransporta a la mejor época del rock urbano hecho el aquí.
En definitiva gran disco de rock con mayúsculas( ellos lo llama rock-pop) que supone un paso adelante y que les quita el cartel de promesa y les coloca el de firme realidad. Solo necesitan suerte y que la industria no les de la espalda, talento les sobra.
Su lugar no esta entre los grupos reivindicativos de crítica cutre ni entre los apostoles del último descubrimiento musica alternativo, sino en ese lugar tan necesario, y por desgracia deshabitado que dejarón vacante Los Enemigos, 091 o Los hermanos Dalton más acelerados y vitaminados.