Ya había dicho a al prensa Michael Kiske que a él el mundo del metal le venía pequeño. Después de su participación en el proyecto Place Vendome, donde todavía mostraba cierta inclinación por el heavy, Michael ha publicado su vuelta al mundo discográfico por todo lo grande (después de casi diez años de su otro disco en solitario del 96). Michael cuenta con una experiencia que lo lleva a escribir bonitas canciones de pop rock de muy buen gusto, fuera del mundo del metal, sí, pero con una honestidad que desarma a cualquiera que pretenda criticar a un músico que podría dar lecciones a todas esas bandas de power metal que se juntan para copiar lo que él hizo hace veinte años. Es este un disco que no hay que dejar pasar, porque de verdad que merece la pena.
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